{"id":527,"date":"2020-06-22T16:34:36","date_gmt":"2020-06-22T16:34:36","guid":{"rendered":"http:\/\/capuchinpoorclaresisters-usa.com\/?page_id=527"},"modified":"2020-06-22T16:34:36","modified_gmt":"2020-06-22T16:34:36","slug":"beata-angela-astorch","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/capuchinpoorclaresisters-usa.com\/index.php\/beata-angela-astorch\/","title":{"rendered":"Beata Angela Astorch"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escrito por la Hermana Rocio Sanchez, Clarisa Capuchina <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">INTRODUCCI\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acercarse a la persona de la Beata \u00c1ngela Astorch a trav\u00e9s de sus escritos personales implica descubrir la riqueza que encierra la entrega de su vida, consagrada totalmente a su Esposo de sangre (nombre que le daba a Cristo con motivo de sus desposorios con \u00e9l), a quien entreg\u00f3 no s\u00f3lo su vida sino tambi\u00e9n su voluntad, deseos, obras, pensamientos,\u2026 todo aquello que le llevaba al despojo total para lograr la uni\u00f3n completa con \u00e9l. Dentro de este camino interior, como ella llama al conjunto de \u201cmisericordias\u201d divinas que no hallan vocablos id\u00f3neos de expresi\u00f3n destaca su fecunda vida lit\u00fargica, mediante la cual se sumergi\u00f3 en la contemplaci\u00f3n de Aquel que constitu\u00eda su \u00fanico inter\u00e9s en la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El siguiente estudio pretende ser un recorrido a trav\u00e9s de la experiencia que la Beata \u00c1ngela hizo de la Liturgia, la \u201cfuente y cumbre\u201d que le permiti\u00f3 empaparse, a trav\u00e9s de los diferentes elementos lit\u00fargicos, de los misterios divinos, por lo cual el Papa Juan Pablo la llam\u00f3 \u201cla m\u00edstica del breviario\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los temas a tratar son en torno a la Sagrada Escritura (apartado uno), el a\u00f1o lit\u00fargico (apartado dos), el Oficio Divino (apartado tres) y los Sacramentos (apartado cuatro). Cada uno de estos contenidos encierra una riqueza particular, que la b. \u00c1ngela supo profundizar ya sea a trav\u00e9s del rezo y la oraci\u00f3n diaria, o en los diferentes momentos en que era \u201carrebatada\u201d por el Se\u00f1or para regalarle sus \u201cmisericordias\u201d. He dedicado un apartado a la Sagrada Escritura por su centralidad en la liturgia y la importancia que le otorgaba la b. \u00c1ngela desde su ni\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los testimonios de la b. \u00c1ngela han sido tomados del libro Mi camino interior (L\u00e1zaro IRIARTE, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1985), que contiene sus experiencias espirituales, escritas por mandato reiterado de sus confesores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1. SAGRADA ESCRITURA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los escritos de la b. \u00c1ngela est\u00e1n impregnados de la Sagrada Escritura. Ya desde su ni\u00f1ez meditaba durante \u201cdos horas en la Pasi\u00f3n de Cristo\u201d (V, 226), atray\u00e9ndola el Se\u00f1or por medio del gusto y deleitaci\u00f3n suave con la lectura de los salmos y Sagrada Escritura, \u201cde cuya lectura estaba su coraz\u00f3n apasionado\u201d (V, 138), naciendo en ella el deseo de ser santa. Este gusto continu\u00f3 vivo en ella, y con m\u00e1s \u00edmpetu, cuando abraz\u00f3 la vida religiosa, en que, \u201cdesde que despertaba, ya se sent\u00eda llamada y solicitada del Se\u00f1or con lugares particulares de la Escritura, Evangelios y Cantares\u201d (I, 27), uni\u00e9ndose a ello su inclinaci\u00f3n hacia el Lat\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, la importancia de la Sagrada Escritura es muy grande. Pues de ella se toman las lecturas [\u2026], y los salmos que se cantan, las preces, oraciones e himnos lit\u00fargicos est\u00e1n penetrados de su esp\u00edritu (S.C. 24), estos elementos constituyen un n\u00facleo muy importante en la libertad espiritual de la b. \u00c1ngela quien \u201ccon frecuencia hace adaptaciones personales, casi siempre con impecable correcci\u00f3n latina\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este encuentro con la Palabra se realiz\u00f3 sobre todo en el rezo del Oficio divino y en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, \u201cella vive intensamente cada celebraci\u00f3n, los varios tiempos del a\u00f1o lit\u00fargico se suceden en su esp\u00edritu, cada uno con su propio significado, hechos verdadera experiencia infusa. Mientras va recitando los salmos, las ant\u00edfonas, los responsorios, se siente invadida de luz superior&nbsp; arrebatada en Dios, sin que ello le impida mantener la atenci\u00f3n externa a la ejecuci\u00f3n coral\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2. A\u00d1O LIT\u00daRGICO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El a\u00f1o lit\u00fargico tiene un valor pedag\u00f3gico en la medida que permite penetrar sucesivamente en los diferentes aspectos de la salvaci\u00f3n cristiana. Durante este ciclo anual la Iglesia celebra los misterios del Se\u00f1or, cuyo n\u00facleo es el Misterio Pascual, y el domingo, como celebraci\u00f3n semanal de la Pascua. Su importancia en la vida de la b. \u00c1ngela es vital ya que cada uno de los tiempos lit\u00fargicos (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Ordinario) constitu\u00edan para ella el motivo de su contemplaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.1 D\u00eda del Se\u00f1or&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La celebraci\u00f3n del domingo, d\u00eda del Se\u00f1or, no lo reduce la b. \u00c1ngela a la eucarist\u00eda. Este d\u00eda es santificado tambi\u00e9n por la Liturgia de las Horas, la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica, lectura y meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella describe diversos momentos de su vida en el d\u00eda domingo, d\u00eda del Se\u00f1or: en la oraci\u00f3n de Prima en que experimenta la asistencia de Cristo resucitado, que aviva en ella la fe en el misterio de la resurrecci\u00f3n de la humanidad de Cristo (V 40); en el momento de comulgar, en que s\u00f3lo reina una unidad con su divino Se\u00f1or, por medio de su sant\u00edsimo cuerpo sacramentado (V 209) y reconoce su vileza e indignidad de recibirlo, experimentando un amor tan entra\u00f1able de su divina Majestad (IV, 134). En este d\u00eda del Se\u00f1or la comunidad canta las horas, y ella como maestra de coro lo anima experimentando un rejuvenecimiento al celebrar dicho Oficio Divino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vive con intensidad los tiempos lit\u00fargicos, contemplando los misterios de Cristo mediante los textos propios de cada domingo, tanto de la Misa como de la Liturgia de las Horas, por ejemplo el primer domingo de Cuaresma en que se le manifiesta Cristo solo en el desierto, careciendo de compa\u00f1\u00eda, sinti\u00e9ndose ella llamada a la soledad y olvido de todo lo del mundo, quedando sola con \u00e9l en una pac\u00edfica interioridad y silencio de potencias grande (V 14); estos tiempos la preparan, adem\u00e1s, para este encuentro con el Se\u00f1or, derramando abundantes l\u00e1grimas en la misa conventual deseando la felicidad y gloria de todas las criaturas (V 14-16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.2 Tiempos lit\u00fargicos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada uno de los siguientes apartados es una muestra de c\u00f3mo la b. \u00c1ngela aprovechaba cada uno de los tiempos lit\u00fargicos para permanecer unida a su Esposo de sangre, en creatividad lit\u00fargica constante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.2.1 Adviento y Navidad<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Adviento para la b. \u00c1ngela es el tiempo en el cual \u201cprincipia nuestra madre la Iglesia a darnos alegres nuevas, para que descansen los ayes y gemidos de pedir su venida (del Se\u00f1or) ac\u00e1 entre nosotros\u201d (IV, 36), expresando as\u00ed la esperanza que alimenta la vida del cristiano que aguarda la manifestaci\u00f3n del Redentor y confirmando la intenci\u00f3n de la Iglesia que en este tiempo \u201cactualiza esta espera del Mes\u00edas participando en la larga preparaci\u00f3n de la primera venida del Salvador, en que los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida\u201d (CCE 524). Esta actitud de espera activa se refleja en la beata cuando en una ocasi\u00f3n estaba en su interior triste y cuidadosa de qu\u00e9 modo acertar\u00eda a prevenirse para celebrar el sant\u00edsimo Nacimiento de Cristo (V, 100, p. 482). Esta disposici\u00f3n interior por no dejarse llevar de la rutina en las diversas celebraciones lit\u00fargicas le lleva a abrir su breviario y ver una imagen del Eccehomo, fijando su mirada en las manos atadas, y recibiendo un habla interior: Nac\u00ed para estar como me ves y morir\u201d (V, 100, p. 482). Es \u00e9sta la teolog\u00eda y espiritualidad del Nacimiento de Cristo, principio de la acci\u00f3n redentora del hombre, la cual es m\u00e1s sublime que la creaci\u00f3n (oraci\u00f3n colecta de navidad, misa del d\u00eda). Este misterio lo observa la b. \u00c1ngela como otra s. Clara de As\u00eds, que en Jesucristo \u201ccontempla, como en un&nbsp; espejo su nacimiento pobre, su vida humilde y su muerte por amor (cfr. Cl4C, 19-23). Las celebraciones lit\u00fargicas no son independientes, una remite a la otra, porque se realizan en torno al acontecimiento salv\u00edfico realizado en Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, aun con toda la disposici\u00f3n interior necesaria, la b. \u00c1ngela no quedaba exenta de las consecuencias del trabajo agotador decembrino, los cuales califica como \u201cd\u00edas tan ocupados en el exterior y, as\u00ed, contrarios mucho a su inclinaci\u00f3n interior\u201d (V 47), en que a pesar de su deseo de gozar al Se\u00f1or reci\u00e9n nacido, las inteligencias acerca de los misterios y alabanzas, con todo lo dem\u00e1s, que se dec\u00edan en los oficios, la cansaban terriblemente&nbsp; (V 47), pero no por eso ced\u00eda en su esfuerzo por descubrir la presencia del Se\u00f1or a lo largo de la jornada a fin de hacer vida la exhortaci\u00f3n de la Regla de s. Clara a no apagar el esp\u00edritu de la santa oraci\u00f3n y devoci\u00f3n, al cual deben servir todas las dem\u00e1s cosas temporales (VII, 2).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.2.2 Cuaresma y pascua<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Cuaresma es para la b. \u00c1ngela el impulso y renovaci\u00f3n de su diario vivir, imitando a su esposo amante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es esta contemplaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n de Cristo la que impregna su vida, con quien estaba unida como esposa de sangre y amor y cuya alianza realiz\u00f3 con voto ante su padre confesor y director espiritual y toda la comunidad, abrazando mediante este acto constantemente la cruz, hacia la cual \u201cexperiment\u00f3 grande inclinaci\u00f3n y cercanidad de parentesco [\u2026] no apart\u00e1ndose de ella ni de d\u00eda ni de noche\u201d (V, 139). Este amor la lleva a practicar en s\u00ed misma penitencias que la asemejen a Cristo sufriente, hasta llegar al derramamiento de sangre como en el ejercicio del pretorio o de la columna, que ejecutaba con la ayuda de una religiosa (II, 49; IV, 64) o dos; subir a la cruz de clavos, tomando primero cuarenta azotes, ya sea por imitaci\u00f3n de Cristo o por trasgredir las leyes de sus obligaciones y Regla del Amor y debidas finezas de esposa de sangre (II, 40). Lo contemplaba tambi\u00e9n en la c\u00e1rcel, reconociendo su divinidad en medio de aquel lugar oscuro y hediondo, maltratado, traicionado, llen\u00e1ndose su coraz\u00f3n de ternura amorosa y compasi\u00f3n, profes\u00e1ndole su amor tomando las palabras de s. Pedro: Eres Cristo, hijo de Dios vivo, redentor y vida m\u00eda\u201d (II, 39); en sus llagas, compadeci\u00e9ndose de las heridas, voluntarias y con malicia, hechas por los pecadores sobre sus espaldas, es decir, sobre su confianza de sufrido y misericordioso, queriendo ser ella misma \u201cun licor medicinal para curar y regalar aquella sacrosanta humanidad tan lastimada\u201d (IV 114).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante la Semana Santa, cada uno de los elementos lit\u00fargicos la mueve interiormente, contemplando la humildad de Cristo montado sobre una jumentilla; experimentando durante el evangelio de la Passio gran incendio del coraz\u00f3n y todas las entra\u00f1as en vivo fuego que casi le faltaron las fuerzas, sintiendo un ansia grande de remediar tantas ofensas (IV, 66); creciendo en caridad hacia el pr\u00f3jimo durante el lavatorio de los pies (IV, 68); deseando morir violentamente por s\u00f3lo estimaci\u00f3n del gusto del eterno Padre, no por quedar con nombre que ha muerto por obedecer a Dios, sino por agradecida a Dios, bebiendo el c\u00e1liz de la amargura, como Cristo lo bebi\u00f3 (IV, 69); exultando de gozo, unida a toda la Iglesia en la noche santa de la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, viviendo intensamente la Vigilia Pascual, en que era arrebatada interiormente ya por la Angelica tuba, o por el Gloria, quedando herida y con afectos que penetraban el m\u00e1s \u00edntimo centro de su alma\u201d (IV, 70).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las experiencias que resalta la b. \u00c1ngela, al t\u00e9rmino de cada Vigilia Pascual es su estimaci\u00f3n de las verdades de la santa fe y de verse hija de su madre la Iglesia (V, 25; V, 56). Esta filiaci\u00f3n confirmaba en ella las obligaciones que tiene por ser hija de la Iglesia y sus hermanos juntamente, por quienes subir\u00eda a alg\u00fan lugar de suplicio y morir\u00eda en presencia de todos (IV, 72).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.2.3 Tiempo ordinario<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las largas semanas del tiempo ordinario invitan a la creatividad y animosidad para no dejarse llevar por el tedio o la rutina. No es preciso que sea un d\u00eda de fiesta o solemnidad para que la b. \u00c1ngela se sumerja en los misterios de Cristo. Toda la liturgia le invita a ello, incluso el rezo de las Completas en que es arrebatada por las tres divinas Personas, experimentando una cercanidad notable (V, 42); despu\u00e9s de la confesi\u00f3n, en que siente dolor particular de sus culpas y conocimiento de su indignidad, y es instruida por el Se\u00f1or en cuanto a su estado de religiosa consagrada solemnemente en la Iglesia, por lo cual se le pedir\u00e1 m\u00e1s estrecha cuenta de sus faltas (V 102); en la preparaci\u00f3n para la comuni\u00f3n, encerrada en profund\u00edsimo y delicad\u00edsimo cautiverio con el Se\u00f1or, olvid\u00e1ndose por completo de s\u00ed misma (III 101).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella asiste a los diversos actos lit\u00fargicos comunitarios y dem\u00e1s devociones motivada&nbsp; \u00fanicamente por el amor a su divino Se\u00f1or, de quien brota la luz que ilumina y da sentido a toda la historia humana, es decir, al diario vivir, en la espera gozosa de compartir la felicidad sin l\u00edmites en la Iglesia triunfante (IV 149).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3 Misterios de Cristo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Teniendo presente que dentro del a\u00f1o lit\u00fargico se hacen presentes los misterios de la redenci\u00f3n para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvaci\u00f3n (S.C. 102) puede comprenderse la vivencia en la b. \u00c1ngela, quien celebra y gusta vivamente las diversas solemnidades de la liturgia unida a su madre la Iglesia, actualizando cada a\u00f1o lit\u00fargico el esp\u00edritu de las fiestas, experimentando mediante afectos interiores la liturgia que se celebra eternamente en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.1 La Encarnaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La b. \u00c1ngela queda cautivada ante las finezas de amor y verdades cat\u00f3licas acerca del Dios escondido bajo nuestra mortalidad, admir\u00e1ndose qu\u00e9 retorno tom\u00f3 este Dios para s\u00ed, despu\u00e9s que nos cre\u00f3 a su imagen y semejanza -fundamento religioso de la dignidad humana- para eternizarnos, tomase para s\u00ed imagen y semejanza de hombre, para morir por los hombres \u2013k\u00e9nosis- (III, 47), viniendo del pecho del eterno Padre a la Virgen (II, 46). Ella contempla,&nbsp; igual que su padre Francisco de As\u00eds, el abajamiento de Cristo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (1Co 8, 9), a quien la gloriosa Virgen de las v\u00edrgenes llev\u00f3 materialmente en su seno (Cl3C 24). Contempla tambi\u00e9n a este Dios humanado, como si fuera el Cristo transfigurado en el Tabor, en las entra\u00f1as de la Virgen, en medio de una claridad excesiva y resplandores que no puede haber cosa humana que valga para comparaci\u00f3n. Estos resplandores y claridad excesiva era la divinidad, la cual, como en esta vida mortal nadie la puede ver. De esta experiencia la b. \u00c1ngela recibe la ense\u00f1anza de que en la estrechez de las cuatro paredes, la clausura no se le hiciera dificultosa, pues el Hijo de Dios tambi\u00e9n hab\u00eda permanecido encerrado en la estrechez del claustro virginal de la Virgen (V, 55).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.2 La Ascensi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se le representaron, alrededor del sacrosanto Coraz\u00f3n de Cristo, unas moradas distintas, que significaban las religiosas, unidas a la sacrosanta humanidad de Jesucristo, deleit\u00e1ndose en la dicha de todas, sin envidia ninguna de su bien, como si fuera su alma ya de las bienaventuradas del cielo (IV, 5), en que Cristo, que ejerce permanentemente su sacerdocio, puede salvar perfectamente a los que por \u00e9l se llegan a Dios (CCE 662). En efecto, en esta solemnidad la Iglesia canta que Cristo subi\u00f3 a la cumbre llevando cautivos (Sal 69, 10), y de este modo lo experiment\u00f3 la b. \u00c1ngela mediante efectos interiores juntamente con todos los miembros e hijos que ha tenido y tiene hoy d\u00eda y con todos los esp\u00edritus ang\u00e9licos del cielo, goz\u00e1ndose y admir\u00e1ndose de los triunfos y glorias de la sacrosanta humanidad de Cristo, a quien todos ten\u00edan por su blanco (V, 109), lo cual le hac\u00eda desear ardientemente permanecer ya con Cristo en las moradas eternas, por lo que exclamaba: \u00a1cu\u00e1ndo me hallar\u00e9 all\u00e1! y \u00a1c\u00f3mo se me alarga el destierro, y qu\u00e9 detenciones tan penosas son \u00e9stas! Y \u00bfcu\u00e1ndo, mi Dios, finir\u00e1n? (III, 105; V 193).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.3 Pentecost\u00e9s:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fiel hija de la Iglesia&nbsp; celebra con la comunidad la vigilia de Pascua e infraoctava del Esp\u00edritu Santo, otorgando la debida importancia a esta fiesta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como tantas otras experiencias, tambi\u00e9n \u00e9sta ocurre en torno a la Sagrada Escritura en que el Se\u00f1or le dice que se cumple en ella lo que obr\u00f3 el Esp\u00edritu divino en los disc\u00edpulos cuando baj\u00f3 encima de ellos en lenguas de fuego. Quedando su alma penetrada de gracias y bienes indecibles, sin entenderlo ella, porque las obraba infundi\u00e9ndoselas secretamente y s\u00f3lo con efectos de amor era conmovida por el mismo Esp\u00edritu divino y penetrada de misterios y verdades divinas (V, 200). Es \u00e9ste el cumplimiento de la Sagrada Escritura en que Jes\u00fas promete el Esp\u00edritu Santo, para que recuerde lo que \u00e9l ha ense\u00f1ado y explique todo (Jn 14, 26) y fuese, en la ausencia corporal del Hijo amparo y custodia, lo cual deb\u00eda motivar a la continua gratitud por esta prenda que dej\u00f3 ante su partida, del mismo modo que dej\u00f3 su sant\u00edsimo Cuerpo sacramentado para memoria perpetua de su amargu\u00edsima pasi\u00f3n (IV 87).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.4 Sant\u00edsima Trinidad:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Iglesia celebra el misterio de Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, revelado en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, que en la liturgia aparece como un misterio no s\u00f3lo de fe y de adoraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de comuni\u00f3n y vida. Esta fiesta es celebrada por la b. \u00c1ngela con suma fidelidad a la Iglesia, contemplado las tres divinas personas, iguales y distintas entre s\u00ed, cuya experiencia confirmaba en ella el origen de la dignidad humana: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (Gen 1, 26). De esta rica experiencia escribe en su diario: experiment\u00e9 la asistencia de las tres divinas Personas dentro de mi alma, con tanta claridad y distinci\u00f3n. Con el Padre experiment\u00e9 una ternura y atracci\u00f3n de hija, grand\u00edsima. Con mi Se\u00f1or Cristo experiment\u00f3 mi alma un modo de ser tan m\u00edo y allegado a m\u00ed, como muy cercano y pariente m\u00edo en cuanto a su sant\u00edsima Humanidad, avivando omnipotentemente la estimaci\u00f3n de haberse hecho hombre, quedando el alma tan cari\u00f1osa y enamorada que bien obr\u00f3 en ella la tercera Persona (II, 28). Recitaba el himno de v\u00edsperas de esta solemnidad: O lux, beata Trinitas (Oh Trinidad, luz bienaventurada) con una humilde veneraci\u00f3n interior y acto viv\u00edsimo de fe del divino e incomparable misterio, siendo aleccionada por la divina verdad conforme iba cantando el himno (IV, 14). Es este el conocimiento y el amor por los que dos seres personales se entregan rec\u00edprocamente. Mediante esta clave plantean los contemplativos la experiencia de la inhabitaci\u00f3n. En ella se realizaba, pues, la autodonaci\u00f3n Trinitaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.5 Corpus Christi:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta fiesta que honra la presencia de Cristo en la Eucarist\u00eda, ofrecido en sacrificio para la redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano, es vivida por la b. \u00c1ngela contemplando la aflicci\u00f3n del esp\u00edritu de Cristo cuando instituy\u00f3 y consagr\u00f3 su sant\u00edsimo Cuerpo. Represent\u00e1ndosele tan afligido y penado y cercano a la muerte, que estuvo m\u00e1s de Viernes Santo que de Jueves de Corpus. En este d\u00eda, en que se realiza la procesi\u00f3n por las calles con el Sant\u00edsimo Sacramento, cuyo fin es dar testimonio p\u00fablico de veneraci\u00f3n hacia la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda (CDC, c. 944, 1), ella pudo \u201cpercibir\u201d que las personas que interven\u00edan en dicha procesi\u00f3n no lo hac\u00edan con devoci\u00f3n y respeto sino con suma ignominia y no con menos que las que padeci\u00f3 el Viernes Santo yendo por las calles de Jerusal\u00e9n, porque a t\u00edtulo de fiesta, lo llevaban lastimos\u00edsimo y con menos gente que se compadeciese de \u00e9l, porque, como su divina y humana persona no era patente a los ojos mortales, nadie, sino quien con ojos de fe lo mirase, se pod\u00eda comparecer (IV, 8). Es esta una ense\u00f1anza para valorar el Cuerpo de Cristo oculto en la hostia consagrada,&nbsp; que se humilla cada d\u00eda, lo mismo que cuando vino al seno de la Virgen (Ad 1). Un d\u00eda de Corpus tambi\u00e9n es cautivada por este Sant\u00edsimo Sacramento como una inmensidad unas abundant\u00edsimas aguas, semejantes a las de un mar, que significaban su inmensidad eterna en cuanto Dios, invit\u00e1ndola a zambullirse en ella (V, 29). De esta Eucarist\u00eda mana hacia nosotros la gracia como de su fuente, siendo capaces de corresponder a ese amor ya sea con alegr\u00eda, abnegaci\u00f3n y paz, o con fortaleza ante la intolerancia e impaciencia (IV, 91).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.6 Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aun cuando esta solemnidad se extendi\u00f3 a toda la Iglesia en el siglo XIX, el Coraz\u00f3n de Cristo era contemplado por la b. \u00c1ngela, sinti\u00e9ndose inclinada a su humano Coraz\u00f3n y sus palpitaciones continuas anhelando su redenci\u00f3n y salvaci\u00f3n (V, 171). El Coraz\u00f3n de Jes\u00fas arde en amor (III, 67), pero es herido de amor (VI, B 7). En este Coraz\u00f3n encuentran descanso los que est\u00e1n cansados y agobiados (Mt 11, 28) y as\u00ed ella encuentra su nido en \u00e9l, gozando de tranquilidad y pacificaci\u00f3n grande&nbsp; y apeteciendo morir en este costado de Cristo (II, 25; 27); tambi\u00e9n este Coraz\u00f3n es su clausura: expres\u00e1ndole al Se\u00f1or su intenci\u00f3n de guardar la clausura y encerramiento exterior en su convento, pero mucho m\u00e1s en el interior de su Coraz\u00f3n para entender sus palpitaciones que le llevaron a dar gloria al Padre durante toda su vida y ejecutar sus determinaciones eternas en beneficio del g\u00e9nero humano (VI, H 7) y actuar conforme al querer de Dios, imitando a su Se\u00f1or; es todo su tesoro y riqueza, todo lo tiene encerrado en este archivo divino \u2013potencias, actos y obras- lo cual le lleva a inventar diversos actos de mortificaci\u00f3n, procurar siempre la mayor purificaci\u00f3n de sus culpas, ejercitar constantemente las virtudes para asemejarse a \u00c9l (IV, 34). El amor de este Coraz\u00f3n hacia sus criaturas le ha llevado a quedarse bajo las especies de pan (III, 93).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.3.7 Jesucristo, Rey del universo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta fiesta, instituida en 1925, por el papa P\u00edo XI, no aparece como tal en la experiencia de la b. \u00c1ngela, no obstante est\u00e1 presente en su vivencia personal, que tiene como fondo la teolog\u00eda sobre la realeza de Cristo, que se identifica con su servicio desinteresado y gratuito a favor de los m\u00e1s d\u00e9biles y desprotegidos, que practica el servicio, da testimonio de la verdad e identifica el amor a Dios con el amor al pr\u00f3jimo. \u00c9l predica y realiza una nueva situaci\u00f3n de respeto, justicia, igualdad, servicio y amor, no \u201cal estilo de este mundo\u201d, sino \u201ccomo el que sirve\u201d. En la instauraci\u00f3n de este reino participan sus seguidores, y la b. \u00c1ngela lo realizaba concretamente dentro de su comunidad en el servicio prestado a sus hermanas, sobre todo el de abadesa, en que el Se\u00f1or la consolaba ante la amargura propia del cargo (III, 120). Est\u00e1 presente en ella el aspecto escatol\u00f3gico, manifestado en el ansia de cielo (V, 193, IV, 64) para permanecer eternamente con Cristo. Reconoce, asimismo, la realeza de Cristo, en medio del sufrimiento y la humillaci\u00f3n padecida en la c\u00e1rcel, en su Pasi\u00f3n y reinando en la Iglesia triunfante, en que los hijos de esta Iglesia recibir\u00e1n el premio de sus trabajos y peleas,&nbsp; gozando, sobre todo, de la visi\u00f3n beat\u00edfica del mismo Dios, amando con continuo acto de amor a su rey y capit\u00e1n Cristo (IV, 64).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.4 Santoral en el a\u00f1o lit\u00fargico<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dentro del a\u00f1o lit\u00fargico la santa Iglesia venera con especial amor a la bienaventurada madre de Dios, reconociendo su colaboraci\u00f3n dentro del plan salv\u00edfico, unida a su Hijo; y a los m\u00e1rtires y santos que constituyen un ejemplo de fidelidad a Cristo, siendo ellos intercesores, que por sus m\u00e9ritos alcanzan los beneficios divinos (CCE 1172-1173).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.4.1 La Virgen Mar\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La b. \u00c1ngela, unida a la intenci\u00f3n de la Iglesia, brinda una especial devoci\u00f3n a la virgen Mar\u00eda, cuya intercesi\u00f3n le devolvi\u00f3 la vida, a los siete a\u00f1os de edad (I, 9). La venera sobre todo bajo la advocaci\u00f3n de: nuestra Se\u00f1ora de las Angustias, a quien acude en la peste que sufri\u00f3 la ciudad de Murcia, mediante el rezo del rosario que el Se\u00f1or le inspir\u00f3 hacer (V, 79); de la Esperanza: a trav\u00e9s de su intercesi\u00f3n recobr\u00f3 la salud ella y su confesor, proponiendo se dijese una misa cada a\u00f1o, el d\u00eda 19 de diciembre, en acci\u00f3n de gracias (V, 71); del Pilar, haciendo renuncia, el d\u00eda de su fiesta, obediente a su confesor, de los beneficios y misericordias que recib\u00eda del ejercicio de la columna, prohibido por \u00e9ste (III, 125);&nbsp; de la Porci\u00fancula, cuyo nombre ten\u00eda el monasterio de Zaragoza (III, 10);&nbsp; y otras advocaciones m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La contempla como madre del Verbo encarnado, encerrado en su vientre, comunic\u00e1ndole su sangre, y con quien el Verbo se muestra cari\u00f1oso amante y en quien encuentra su mejor asiento (V, 55); la alabanza de la Virgen (el Magnificat), es para ella el mejor modo de dar gracias a Dios (V, 106); el rezo&nbsp; del santo Rosario lo realizaba ya desde que ten\u00eda once a\u00f1os (I, 10). Todos estos actos de devoci\u00f3n, realizados dentro de una devoci\u00f3n y culto sano, manifiestan el amor que ella tributaba a la madre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.4.2 Los santos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El reconocimiento de los m\u00e9ritos de los santos queda patente en su ejercicio del consistorio de los santos confesores, a los cuales tom\u00f3 por abogados e, incluso, de jueces. Eran doce, y a ellos dio y renunci\u00f3 su franco albedr\u00edo y deliberada voluntad para que, en las ocasiones de sus ca\u00eddas y ejecuciones de sus aciertos, tuviese a qui\u00e9n acudir y, en las contrarias, a qui\u00e9n temer y confesar sus ca\u00eddas, ellos eran: san Pedro, san Juan Cris\u00f3stomo, san Juan Damasceno, san Benito, san Bernardo, Santiago el Mayor, san Juan evangelista, san Francisco \u201cser\u00e1fico padre\u201d, san Ildefonso, san Basilio Magno, san Agust\u00edn (VI, H 16); otros intercesores eran: san Clemente, papa y m\u00e1rtir, santo Tom\u00e1s de Aquino, san Ambrosio, san Buenaventura, santa Clara \u201cser\u00e1fica madre\u201d santa Br\u00edgida, santa Gertrudis, santa Catalina m\u00e1rtir, santa In\u00e9s m\u00e1rtir, santa Teresa de Jes\u00fas, entre otros muchos, as\u00ed como a los santos \u00e1ngeles: de la Guarda, Miguel, Gabriel, Rafael; de quienes experimenta cercanidad con la esperanza de compartir tanta alegr\u00eda y felicidad (IV, 6), \u201cenvidi\u00e1ndolos\u201d porque aman, adoran y reverencian continuamente a la beat\u00edsima Trinidad, pues ella se siente en el destierro, con estorbos para amar a su divino Se\u00f1or (III 15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta devoci\u00f3n la inculcaba a las novicias, a quienes exhortaba a ser muy devotas de la Virgen nuestra Se\u00f1ora y de particulares santos (I 10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3. OFICIO DIVINO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La b. \u00c1ngela tiene clara conciencia de que ella, por medio de la Liturgia de las Horas, es la voz de la Esposa (la Iglesia) que habla al Esposo, entonando aquella melod\u00eda que se canta constantemente ante el trono de Dios y del Cordero (Ap 14, 3). Ella se siente unida a los \u00e1ngeles que alaban a su Majestad, cuyos ecos de voces se juntaban con los de ella y viceversa, uniendo arm\u00f3nicamente la voz con el coraz\u00f3n (V 106).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para ella el Oficio Divino \u2013Maitines, Laudes, V\u00edsperas, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Completas-, de d\u00eda o de noche, constituye un todo para encontrarse en Dios, pues canta los afectos interiores de su esp\u00edritu y no la composici\u00f3n y versos de los salmos (IV 97), cuyo blanco es reverenciar, alabar y amar a su Dios y Se\u00f1or, en un continuo acto de veneraci\u00f3n amorosa de la presencia sacramental de Cristo y del lugar santo en que se halla (III 59), cantando las alabanzas a la manera como se las tiene dadas su madre la Iglesia militante, [\u2026] y decirlas y cantarlas con pureza y alegr\u00eda de coraz\u00f3n, procurando imitar a los \u00e1ngeles en el amor y veneraci\u00f3n, con temor y temblor de su indignidad; y de todas hacer unos perfumes a la beat\u00edsima Trinidad, uni\u00e9ndolas y poni\u00e9ndolas en el incensario de oro del Coraz\u00f3n de Cristo, su Se\u00f1or (IV 64). Tiene presente las necesidades de su patria, ante las cuales encuentra consuelo mediante el rezo de los salmos (III 140). El Se\u00f1or le da a entender que la causa de sus sequedades y ausencias del Amado son ocasionadas por tener el coraz\u00f3n partido y no entero en el rezo de sus alabanzas divinas (V 60). En esta contemplaci\u00f3n no hay, por as\u00ed decirlo, ocasiones especiales, puede ser en una solemnidad o en un d\u00eda ordinario, en tiempo de Cuaresma o de Adviento; es cautivada y arrebatada, ya sea por el himno (IV, 14), una ant\u00edfona, un salmo (V 104, p. 485), un responsorio, el Te Deum, etc.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dentro de la profunda experiencia que la b. \u00c1ngela tuvo al interiorizar la Liturgia de las Horas, fue de gran ayuda el conocimiento del lat\u00edn, el cual le permit\u00eda entender y gustar los textos, y estas \u201cinteligencias\u201d le serv\u00edan como de lazos que la ten\u00edan continuamente asida con Dios y la despertaban a amarlo (I 28; V 226).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El espacio de la celebraci\u00f3n (el coro) constitu\u00eda asimismo el lugar privilegiado de sus empleos y de las misericordias divinas, de d\u00eda o de noche; ah\u00ed tiene conocimientos delicad\u00edsimos, conoce con claridad y verdad los impedimentos y estorbos que pone a su camino (III 59; 92), y que para ella constituye un tormento verse fuera de \u00e9l (III 89, p. 210).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La recitaci\u00f3n del Oficio Divino, con dignidad y decoro, requiere ciertos elementos, tales como:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a) Maestra de coro<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este servicio lo brind\u00f3 la b. \u00c1ngela a la comunidad desde muy joven hasta sus \u00faltimos a\u00f1os de vida, y su fin era animar el rezo (IV, 6); procurar el cumplimiento de las r\u00fabricas, canto y ceremonias (VI A 22); la atenci\u00f3n y puntualidad al coro (V 126); guardar el silencio debido (I 15); prever las faltas o descuidos en las celebraciones (III 36), animar y dar festividad al rezo (III 116), observar las posturas adecuadas (III 145; IV 11): de pie, sentada, reverencia, inclinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">b) Posturas adecuadas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las \u201cvenias y cortes\u00edas en el coro\u201d llevan a la b. \u00c1ngela a experimentar unos olores suav\u00edsimos que parecen ser unos aires del cielo y olores celestiales (II 52), lo cual es una prueba de lo agradable que es para Dios darle la reverencia que se merece a trav\u00e9s de los gestos y acciones f\u00edsicas en la ejecuci\u00f3n de la alabanza, y corrobora el hecho de que la intervenci\u00f3n en el rezo requiere presencia f\u00edsica, identificaci\u00f3n en las actitudes (III 145), unidad en los gestos y movimientos, coincidencia en las palabras (V 106) y en los actos, pues la intervenci\u00f3n en las celebraciones lit\u00fargicas pide actitudes cultuales cristianas y no meramente religiosas. La peculiaridad de la liturgia cristiana es el culto al Padre en el Esp\u00edritu y la verdad (Jn 4, 23-24), de modo que no se produzca ruptura entre la celebraci\u00f3n y la vida, entre el culto externo y la actitud interior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4. SACRAMENTOS<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los sacramentos est\u00e1n ordenados a la santificaci\u00f3n de los hombres. [\u2026] No s\u00f3lo suponen la fe, sino que a la vez la alimentan, la robustecen. [\u2026]Preparan a los fieles para recibir con fruto la gracia, rendir el culto a Dios y practicar la caridad (S. C. 59).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vida sacramental de la b. \u00c1ngela es enriquecida sobre todo por la Eucarist\u00eda y la confesi\u00f3n, no obstante, ella reconoce y contempla el gran valor de cada sacramento, los cuales son las aguas abundantes que salieron de Cristo (V 140): el bautismo, por el cual el alma queda limpia por la gracia y ungida con el \u00f3leo santo de su misericordia (IV 89); la confirmaci\u00f3n, en que recibi\u00f3 la fuerza que le impulsa a despreciar el mundo y, por cuya gracia, experimenta lo que es la fe viva (V 68); ten\u00eda en gran estimaci\u00f3n el ministerio de los sacerdotes y su ocupaci\u00f3n divina en la Iglesia, cuya dignidad es muy grande por la consagraci\u00f3n del Cuerpo y Sangre de Cristo (IV 78; IV 93), asimismo ora por ellos (V 11); recibe la unci\u00f3n de los enfermos con la esperanza de que hab\u00eda de ser desatada de las ataduras del cuerpo y alcanzar la morada eterna (III 134).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4.1 La confesi\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La confesi\u00f3n es para ella el santo lavatorio, sin el cual no se consideraba digna de presentarse ante la divina Majestad. Y ve\u00eda a las otras religiosas puras, c\u00e1ndidas y agradables. Acud\u00eda asiduamente a confesarse, y muy despacio, haciendo su examen de conciencia con una hora de anticipaci\u00f3n (III 41).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante todos los a\u00f1os de su vida religiosa procur\u00f3 contar con un confesor y director espiritual: en Barcelona, en Zaragoza y en Murcia (I, 12; I 34; VI \u2013passim-),&nbsp; llevando a cabo los elementos propios de este sacramento:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a) Contrici\u00f3n: Su dolor y arrepentimiento por sus yerros y faltas era grande hasta llorar muchas l\u00e1grimas de dolor (V 3),&nbsp; lo cual significaba un acto de una contrici\u00f3n perfecta ocasionado por el amor de Dios (CCE 1452).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">b) Confesi\u00f3n de los pecados: Lo hace lo mejor que puede (V 3).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">c) Satisfacci\u00f3n (penitencia): realiza la penitencia que le manda el confesor, p. ej. el Miserere, el cual reza con muchas l\u00e1grimas y arrepentimiento de sus culpas cometidas por falta de amor y mala correspondencia (V 3). En una ocasi\u00f3n el confesor le mand\u00f3 por penitencia una salutaci\u00f3n al sant\u00edsimo Sacramento, pero ella consideraba que deb\u00eda practicar otra mayor, aunque fuera un salterio, pero un habla interior le dijo que aunque dijera el salterio por su voluntad, no ser\u00eda agradable, por no ser la que le hab\u00eda mandado el confesor (V 119). Es esta una gran ense\u00f1anza, tanto para practicar la obediencia como para crecer en la confianza en la misericordia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gran estima en que ten\u00eda este sacramento es confirmada por el consistorio de sus santos confesores, ante quienes hac\u00eda confesi\u00f3n espiritual de sus faltas para llegar totalmente a la enmienda de sus culpas, negligencias y tibiezas (VI, H 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4.2 La Eucarist\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin duda que dentro de la experiencia m\u00edstica de la b. \u00c1ngela, la Eucarist\u00eda es el centro y culmen de su vida sacramental. Pose\u00eda un gusto singular por la Misa&nbsp; (IV 63) viviendo paso a paso su celebraci\u00f3n, prepar\u00e1ndose con mucho recogimiento media hora antes de comulgar (V 11), derramando l\u00e1grimas de agradecimiento, experimentando frutos de misericordia (V 15), la consideraba el sacrificio del sant\u00edsimo Hijo al eterno Padre (IV, 78).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Amante de la Eucarist\u00eda adorada, contempla en ella a Jes\u00fas, en la noche de la instituci\u00f3n eucar\u00edstica, entregado a la muerte por amor a la humanidad, derrama abundantes l\u00e1grimas durante la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n, reclama sus derechos de esposa el Jueves Santo ante Jes\u00fas Eucarist\u00eda para tener ella la llave del sagrario \u201clugar de su encerramiento\u201d con Cristo (II 50, 51; III 83). Consideraba la adoraci\u00f3n al Sant\u00edsimo como una de sus obligaciones, por la que perder\u00eda su salud y vida con tal de cumplirla (III, 107).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En algunas ocasiones cada vez que comulgaba recib\u00eda en su interior a su Majestad por vi\u00e1tico, ante la gravedad de su estado de salud, teniendo que obedecer a su confesor en la asistencia a todos los actos comunitarios, de lo contrario, al faltar a alguno de estos, no hab\u00eda de comulgar el d\u00eda siguiente (III 45). En medio de sus tinieblas y ignorancias comulga con el fin de de tener consigo a su divina Majestad y gozar de su dulce compa\u00f1\u00eda, y para aumento de gracia y fortaleza (III 46).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Eucarist\u00eda es para ella: pan de los \u00e1ngeles (V 204), sustento y vida de su alma (VI H 10); divino \u00e1rbol, bajo cuya sombra se gustan sus frutos (V 37); la miel de la humanidad y la leche de la divinidad de Cristo (III28).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se saciaba en la Eucarist\u00eda aliment\u00e1ndose de la Palabra de Dios, las oraciones, el himno del gloria,\u2026 toda la celebraci\u00f3n nutr\u00eda su esp\u00edritu elev\u00e1ndola a la contemplaci\u00f3n de Cristo, escondido bajo las especies de pan y vino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El amor a la Eucarist\u00eda se refleja tambi\u00e9n en el oficio votivo de la Eucarist\u00eda que celebraba cada jueves la comunidad, si las r\u00fabricas lo permit\u00edan (IV 135).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas referencias muestran la rica experiencia sacramental que inundaba y alimentaba la vida espiritual de la b. \u00c1ngela, y que la hac\u00eda caminar conforme a la doctrina eclesial, viviendo intensamente estas celebraciones de fe&nbsp; que Cristo dej\u00f3 para el fortalecimiento de los creyentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por la Hermana Rocio Sanchez, Clarisa Capuchina INTRODUCCI\u00d3N Acercarse a la persona de la Beata \u00c1ngela Astorch a trav\u00e9s de sus escritos personales implica &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"nf_dc_page":"","om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"class_list":["post-527","page","type-page","status-publish","hentry","latest_post"],"aioseo_notices":[],"aioseo_head":"\n\t\t<!-- All in One SEO 5.0.4 - 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